Instituto de Ciencias para la Familia

La fidelidad en el matrimonio

Diciembre 13, 2006 · 5 comentarios

Por: Mariella Briceño de Camminati, Miembro del Instituto de Ciencias para la Familia 

Parece ser que en  el Perú los casos de hombres y mujeres que tienen hijos fuera del matrimonio no sólo abundan, sino que se ha convertido en una situación “normal”. Incluso personajes políticos de la esfera pública, escogidos por la ciudadanía para dirigir el país, no dan muestra de ser padres – y esposos – verdaderamente responsables. Más allá de juzgar comportamientos o imponer calificativos personales, se trata de no perder de vista los compromisos que exige la vida matrimonial.

Puede palparse un permisivismo generalizado en la sociedad que lleva a pensar que “sacar los pies del plato” les pasa a todos, o que reconocer a los hijos que nacen de esas “relaciones ocasionales” es suficiente para “pasar la página”. ¿Acaso tenemos que aceptar que la infidelidad es algo inevitable en el matrimonio?, o ¿que la paternidad se limita a hacer un reconocimiento legal de los hijos y ofrecerle las seguridades materiales que por ley les corresponden?

La fidelidad entre un varón y una mujer es algo inherente, natural en el verdadero amor. Cuando un varón y una mujer se aman verdaderamente, una tercera persona no cabe, sobra. La dinámica natural del amor humano tiende a la unidad  de uno con una para siempre. La fidelidad no es una alternativa que pueda elegirse, es un componente natural, inherente al matrimonio. El varón y la mujer enamorados se comprometen libremente a entregarse y acogerse a partir de su unión matrimonial.

El sí del matrimonio se proyecta también hacia el futuro, significa “te amaré para siempre”, “quiero quererte más de lo que te quiero ahora” Saber darse y acoger al otro motiva a los amantes a  querer perpetuar su amor. Esta tarea a la que los novios se comprometen es un acto plenamente libre, en el cual expresan lo más íntimo de su ser personal.

Cuando uno de los cónyuges rompe con ese compromiso comete un acto de injusticia, pues por propia voluntad, desde que se casó, no se pertenece sólo a sí  mismo, sino que le  pertenece al otro cónyuge, es del otro (“soy su marido”, “soy su mujer”) y por tanto le debe amor y respeto.

Durante el desarrollo de la vida matrimonial nadie está libre de momentos difíciles, de  incertidumbre, de angustia, de dolor, de frustración, e incluso de rechazo de parte del otro; pero eso no justifica romper con los compromisos adquiridos y hacer lo que se nos venga en gana. La madurez del varón y la mujer a quienes se les presenta un problema, está en reconocer el problema, afrontarlo y poner todos los medios para superarlo. Sin duda este superar problemas ayuda al crecimiento personal y a una mayor unión entre los esposos.

Asumir la responsabilidad de nuestros actos demuestra en buena parte nuestra calidad humana; pero tan importante como asumirlos, una vez cometidos, es también poner todos los medios para evitar ponernos en riesgo. Si me he comprometido a ser fiel toda la vida, entonces debo rechazar cualquier posibilidad de peligro. Las infidelidades casi siempre inician con historias de amistades y encuentros “inofensivos” con personas del otro sexo (un compañero de trabajo, un vecino, un conocido). Lo inevitable llega cuando esa persona ocupa más atenciones y más cariño que nuestro propio esposo (a). Tal vez la infidelidad no llegue a ser sexual, pero los enredos emocionales con un tercero, pueden dañar muy seriamente la relación conyugal. Por eso es tan importante dedicar tiempo al hogar, salir con nuestra pareja, conservar ese espacio de intimidad propio de los enamorados.

Ser fieles es un valor muy alto para el ser humano, pues significa la búsqueda de la coherencia y la integridad personal. Urge que hombres y mujeres nos esforcemos en cumplir la palabra empeñada, empezando por lo fundamental: ser fieles en el matrimonio.

Categorías: Amor conyugal

5 respuestas hasta el momento ↓

  • navarrense // Diciembre 20, 2006 a 4:11 am | Responder

    Del dicho al hecho hay mucho trecho… Lo importante es la coherencia de como se vive la vida y esto es lo que la mayoria de las personas olvidamos…Ni el machismo ni el feminismo esta visto resuelven el problema como tampoco solamente conociendo unos cuantos conceptos… Aprendemos a vivir dignamente enseñando con el ejemplo, entonces. la vida misma se convierte en un continuo y verdadero aprendizaje de amor..Seamos lo que seamos, padres, madres, mujeres, hombres, hijos, hermanos o una comunidad de personas !!que mas da !! solamente el buen ejemplo y el amor nos puede humanizar y hacer encarnar el valor de la fidelidad. Donde no hay un verdadero aprendizaje del amor con el ejemplo , donde solo existe el puro y solo interes, donde solo hay un culto a la imagen y no una verdadera vida ejemplar nada puede sobrevivir… pues la vida carece de fuerza para vivir amando. Amar y solo amar sinceramente es lo que nos abre a los demas y eso no se pontifica sino se mama, se vive, se vivencia y te compromete finalmente. No tratemos pues de teorizar sino de enseñar con la vida misma: en la situacion en que estemos, con nuestra propia historia, en el rol que nos toca vivir o en el nivel en que nos situemos…
    ¡¡¡Mucha suerte!!! ojala puedas cambiar tu comunidad y tu gente con tu propia experiencia de vida…

  • icfnoticias // Diciembre 20, 2006 a 1:25 pm | Responder

    Muy acertadas todas sus palabras señor navarrense. Vivir en el amor siempre exige una coherencia personal. EL tema de la fidelidad consiste en ser sobre todo fieles a una vocación personal, en vivir apasionadamente aquello que se ha elegido.
    Esperamos tenerlo nuevamente en nuestro weblog.

  • navarrense // Diciembre 20, 2006 a 9:47 pm | Responder

    Gracias, pero soy una mujer ¡¡¡ enamorada de los hombres!!!estaremos en contacto en otro momento …¡Feliz Navidad ! y que el ejemplo de la Sagrada Familia nos ilumine…

  • Marco Di Calderon // Julio 10, 2009 a 7:18 pm | Responder

    La fidelidad es algo que prueba grandemente el compromiso de cada persona a adherirse maduramente a otra… pero la fidelidad debe ser estimulada y motivada por la otra parte… es una estimulación tácita que envuelve a ambos miembros…. la fidelidad de los mimbros depende de que tan valorados y aceptados son dentro de una relación.

    Como costumbre las personas son muy vulnerables y sencibles a cualquier acontecimiento, otras por en cambio son más dóciles, y se dejan lastimar por la otra parte.

    Dado que el matrimonio requiere también voluntad para llevarlo al éxito.Ya que el matrimonio aún sigue siendo reconocido como un proveedor de felicidad.. pero tristemente es un proyecto de vida, que cada parte se compromete a cuidar….

    Si una de las partes está más al pendiente de la necesidad de su pareja, o de si misma (o)… corre el riesgo de a). sufrir por dar más o b). Deshaderirse de las necesidades de su conyuge.

    Dicho de otra manera; y la mejor que conozco, un matrimonio es cosa de dos.

  • abarco // Julio 15, 2009 a 8:58 pm | Responder

    La fidelidad se entiende sólo, cuando apelamos a la madurez del compromiso asentido.

    Quien no es conciente ni da importancia a lo que dice o piensa, no entiende la responsabilidad de la palabra ni de la razón.

    La fidelidad no es sólo una idea que otrorga un valor al significado, sino un hábito que relaciona otros valores necesariamente entendidos desde a lo que nos sentimos vinculamos: él o ella, Dios, amistades, hijos, compañeros de trabajo…

    No necesitamos de los cargos o títulos para ser fieles, necesitamos de las personas a las que nos sentimos vinculadas. La persona es trascendendal, un fin, nunca un medio.

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