Instituto de Ciencias para la Familia

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La cumbre y nuestra incumbencia

Noviembre 4, 2008 · Dejar un comentario

Federico Hernández Aguilar

Fuente: Diario de Hoy (El Salvador)

            Convencido, pues, de que el asunto es de mi absoluta incumbencia, he procurado tener amplio acceso a los insumos de las reuniones sectoriales previas a la Cumbre, igual que a un par de borradores de la Declaración final del evento y a la famosa Convención de Derechos de los Jóvenes, que tal vez no estaría siendo tan criticada de no ser tan peligrosamente ambigua.

 El Presidente Saca ha sido enfático en decir que no vamos a ratificar, como país, la citada Convención. Y creo que hacemos bien. Los argumentos esgrimidos por quienes se oponen a este instrumento incluyen todos los aspectos —legales, políticos, sociales y humanos—, por lo que resulta sospechoso que quienes avalan el contenido del acuerdo se concentren en atacar las razones religiosas o morales que pudieran estar detrás de los argumentos, como si por ello no tuvieran validez alguna.

 En mi opinión, cuando se habla de jóvenes, los énfasis en torno a los derechos deben siempre matizarse, porque es la mejor manera de ayudarles a adquirir responsabilidades. Si una quinceañera, con la veleidad que tiene la noción de “amor” a esas edades, se siente de pronto “enamorada” de un tipo de 55 años, la Convención (Art. 20,1) le daría pleno derecho a cohabitar con él sin el consentimiento de sus padres. ¿Será de esta manera como queremos proteger a nuestros jóvenes?jovenes1

 

Pero lo más contradictorio de la Convención es cuando acepta, en su preámbulo, que la juventud —esa etapa comprendida entre los 15 y los 24 años de edad— es “un periodo de la vida donde se forma y consolida la personalidad”. En otras palabras, es una fase de adaptabilidad y crecimiento en la que ni siquiera la propia identidad está del todo definida, por lo que cualquier decisión apresurada comporta lógicos riesgos.

 

A pesar de ello, tras esa pretendida “consolidación de la personalidad” con que el documento caracteriza al periodo juvenil —y me encantaría, por cierto, conocer el consenso de psicólogos, neurólogos y demás expertos que suscribe sin tamices semejante afirmación—, ¿quiere en serio la Convención que los jóvenes iberoamericanos sean capaces de decidir, con plenitud de derechos, con quién se casan o se acuestan, cómo alimentan su conciencia y bajo qué condiciones van a trabajar? Mucho más sentido común han expresado los propios jóvenes escolarizados de El Salvador a través del informe “Adolescentes con cultura”, donde ellos mismos entienden las consecuencias negativas de sentirse caprichosamente aptos para decidir sobre temas tan trascendentes. Y reclaman, por supuesto, la guía de sus padres.

 

Tampoco son tranquilizantes las muy diversas propuestas que la Declaración de San Salvador podría elevar al rango de “verdades compartidas”. Para el caso, el Plan Iberoamericano de Cooperación e Integración de la Juventud afirma sin sonrojos que España es un “ejemplo” de reducción sostenida de embarazos precoces, por lo que promover el uso creciente de anticonceptivos desde la iniciación sexual es eficazmente producente. ¿De dónde salió este dato? ¿Qué estudio científico lo respalda? O peor aún: si esta premisa resultara ser falsa —y basta entrar a la página oficial del Instituto Nacional de Estadística de España para ponerla en duda—, ¿quién se beneficia de que Iberoamérica entera se la crea?

 Los insumos que he leído alrededor de esta XVIII Cumbre tienen muchas ideas rescatables, cómo no. El problema es que las zonas controversiales, en este tipo de normativas, pueden ocasionar gravísimos daños de no ser bien analizadas.

 La presencia de Shakira, la música de Alejandro Fernández o las febriles teorías conspirativas de Hugo Chávez captarán seguramente la atención de muchos. Esos espectáculos conforman el anecdotario de las Cumbres y le dan un conveniente barniz de superficialidad. ¡Qué festín, a propósito, para los cronistas de lo superfluo!

 Pero a mí, como a muchos salvadoreños, me interesan más los acuerdos que se firmen, las premisas que se acepten y los planes que se adopten, porque es en estos papeles donde los presidentes, con sólo estampar sus respectivas firmas, estarán comprometiendo las vidas de millones de niños y jóvenes iberoamericanos, incluyendo quizá a mis propios hijos.

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Los jóvenes en la mira de los Jefes de Estado

Septiembre 10, 2008 · Dejar un comentario

A continuación les alcanzamos algunos comentarios sobre esta Cumbre Iberoamericana, publicados en el último número de Aceprensa.com (10 set de 2008):

Los organizadores del evento han presentado el informe final como una propuesta neutral, pero los críticos advierten que ese texto responde en algunos aspectos a una visión del hombre sesgada e incompleta. El documento tiene todavía carácter provisional, pero sus conclusiones constituyen la base de las propuestas que serán presentadas para su adopción a los Jefes de Estado participantes en la cumbre.

La preparación del polémico informe ha corrido a cargo de tres organizaciones gubernamentales con sede en Madrid: La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Secretaría General Iberoamericana y la Organización Iberoamericana de Juventud.

Quizá por este origen gubernamental, el informe no da suficiente espacio a lo que pueden hacer por la juventud las asociaciones ciudadanas, iniciativas familiares, centros educativos y de voluntariado y otras instituciones.

El informe reconoce los avances que se han dado en la educación –el 71% de los jóvenes de la región han completado la secundaria– , pero destaca el problema de la escasa calidad y de la inadecuación al empleo. Por eso recomienda apoyar la educación no formal, contando también con las entidades dedicadas a este tema.

En materia de salud sexual y reproductiva el informe acentúa el protagonismo de las escuelas, “involucrándolas en el uso de métodos anticonceptivos”, y en cambio asegura, sin datos, que “los programas de abstinencia no están funcionando y por lo tanto deberían de dejar de aplicarse dado que tienen efectos negativos”. No menciona para nada el papel de la familia en este tipo de educación. 

 En algunos casos plantea metas ambiciosas, pero irreales para bastantes países por su coste. Así, propone que “los programas de atención a la salud deben incluir la salud oral, las vacunas del herpes y del virus del papiloma en mujeres adolescentes y el test de saliva oral para detectar VIH/SIDA”. Hay que tener en cuenta que la atención odontológica no se financia en la sanidad pública de países desarrollados, y que la vacuna del virus del papiloma es muy costosa y su utilidad es discutida entre los expertos en epidemiología.

El informe constata que “el empleo es la principal preocupación de los jóvenes en Iberoamérica”. Según sus datos, existen 17 millones de jóvenes con empleos no precarios, 31 millones con empleos precarios, 10 millones de desempleados y 22 millones no trabajan y que no están buscando empleo. El desempleo juvenil es casi el triple del existente en la población adulta.

Entre otras medidas, sugiere que “la región debe reinventar el concepto de la pequeña empresa como motor de la generación de empleo”, propone fomentar los programas de primer empleo o empleo joven, y lograr la adecuación entre enseñanza y mercado laboral.

La familia aparece en diversos casos como una fuente de conflictos. En el capítulo de liderazgo afirma que “la juventud está inmersa en un conflicto intergeneracional, ya que las lógicas de relación con los adultos se subvierten a través de asuntos cotidianos como la forma de entender la familia y el matrimonio”.

El informe acierta al plantearse cómo crear una cultura de paz entre los jóvenes, pero curiosamente sitúa la religión entre los obstáculos para la paz al afirmar que la violencia “tiene causas estructurales que incorporan elementos como la religión, la pobreza, la exclusión política y social”. Se ignora así que multitud de iniciativas de origen religioso se han elevado por la paz y contra la violencia en la región, y gran parte de los programas de desarrollo social son promovidos por instituciones de inspiración cristiana.

Por todo ello, muchos expertos consideran que el informe que se quiere presentar a los Jefes de Estado en la Cumbre sobre “Juventud y Desarrollo” es susceptible de mejoras. Sería deseable, por ejemplo, la valoración de otras propuestas que tengan en cuenta la realidad de los jóvenes y su entorno social.

Categorías: Dimensión social de la Familia · Jóvenes y adolescentes
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