Instituto de Ciencias para la Familia

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¿Estamos fabricando pequeños dictadores?

Noviembre 11, 2008 · Dejar un comentario

Los niños tiranos son cada vez comunes en la sociedad actual, manipulando y atemorizando a sus progenitores.

Por: Paulino Castells, Fuente: foroandaluzfamilia.org

En nuestra sociedad proliferan cada vez más estos especímenes. Pequeños seres preñados de poder que tienen atemorizados a sus progenitores. Con sólo verlos entrar en mi despacho ya les detecto. Vean la escena. Sus amantísimos padres, a los cuales ya he entrevistado primero, ceden gentilmente el asiento de en medio (tengo tres silloncitos situados delante de mi mesa) para que cuando llegue de la sala de espera allí se aposente su vástago. Ellos se colocan a prudente y respetuosa distancia del asiento vacío. Cuando por fin entra el hijo prepotente, con el pecho hinchado, andando con aplomo y lanzando fugaces miradas despectivas a sus padres, el cuadro ya se ha completado. (En el libro Víctimas y matones expuse como curiosidad este “diagnóstico del sillón”, que he ideado en la consulta y que me permite detectar precozmente al pequeño dictador).

 

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        Son niños que no levantan un metro del suelo pero tienen aterrorizado a todo el personal de la familia. Y para que un mocoso como él o ella tenga tanto poder, de alguna manera ha de estar subido a los hombros de uno de los adultos que le rodea. Aupado de esta manera –es decir, aliado con alguien– para poder dominar a los demás. A menudo se trata de parejas de padres en situación de crisis, que como no pueden complacerse mutuamente en el afecto conyugal, deciden, para compensar esta falta, desplazar su amor al retoño, otorgándole así todas las prebendas habidas y por haber, y de paso utilizarlo en patológica alianza como arma arrojadiza contra la pareja.

        Pero, no necesariamente han de ser parejas en conflicto las que fabriquen su hijo tirano, ya que pueden ser consortes de lo más apacibles y enamorados; pero, eso sí, que no tengan en boca un mínimo “no” que soltarle al vástago (“¡No sea caso que se traumatice, pobrecito!”). Y a base de no negarle nada y complacerlo en todo, van construyendo la despótica plataforma que luego servirá al hijo para subirse a ella y maltratarlos.

        Vean, pues, lo fácil que es fabricar un niño tirano… lo difícil es luego desmontar su aterrorizador tinglado. Créanme: no dimitan nunca de su autoridad parental y nieguen cosas al hijo cuando sea necesario. Prodiguen, desde bien pequeños, las consabidas advertencias: “¡Niño, eso no se toca, eso no se dice, eso no se hace!” Porque la frustración también educa, señores padres.

Categorías: Amor conyugal
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La cumbre y nuestra incumbencia

Noviembre 4, 2008 · Dejar un comentario

Federico Hernández Aguilar

Fuente: Diario de Hoy (El Salvador)

            Convencido, pues, de que el asunto es de mi absoluta incumbencia, he procurado tener amplio acceso a los insumos de las reuniones sectoriales previas a la Cumbre, igual que a un par de borradores de la Declaración final del evento y a la famosa Convención de Derechos de los Jóvenes, que tal vez no estaría siendo tan criticada de no ser tan peligrosamente ambigua.

 El Presidente Saca ha sido enfático en decir que no vamos a ratificar, como país, la citada Convención. Y creo que hacemos bien. Los argumentos esgrimidos por quienes se oponen a este instrumento incluyen todos los aspectos —legales, políticos, sociales y humanos—, por lo que resulta sospechoso que quienes avalan el contenido del acuerdo se concentren en atacar las razones religiosas o morales que pudieran estar detrás de los argumentos, como si por ello no tuvieran validez alguna.

 En mi opinión, cuando se habla de jóvenes, los énfasis en torno a los derechos deben siempre matizarse, porque es la mejor manera de ayudarles a adquirir responsabilidades. Si una quinceañera, con la veleidad que tiene la noción de “amor” a esas edades, se siente de pronto “enamorada” de un tipo de 55 años, la Convención (Art. 20,1) le daría pleno derecho a cohabitar con él sin el consentimiento de sus padres. ¿Será de esta manera como queremos proteger a nuestros jóvenes?jovenes1

 

Pero lo más contradictorio de la Convención es cuando acepta, en su preámbulo, que la juventud —esa etapa comprendida entre los 15 y los 24 años de edad— es “un periodo de la vida donde se forma y consolida la personalidad”. En otras palabras, es una fase de adaptabilidad y crecimiento en la que ni siquiera la propia identidad está del todo definida, por lo que cualquier decisión apresurada comporta lógicos riesgos.

 

A pesar de ello, tras esa pretendida “consolidación de la personalidad” con que el documento caracteriza al periodo juvenil —y me encantaría, por cierto, conocer el consenso de psicólogos, neurólogos y demás expertos que suscribe sin tamices semejante afirmación—, ¿quiere en serio la Convención que los jóvenes iberoamericanos sean capaces de decidir, con plenitud de derechos, con quién se casan o se acuestan, cómo alimentan su conciencia y bajo qué condiciones van a trabajar? Mucho más sentido común han expresado los propios jóvenes escolarizados de El Salvador a través del informe “Adolescentes con cultura”, donde ellos mismos entienden las consecuencias negativas de sentirse caprichosamente aptos para decidir sobre temas tan trascendentes. Y reclaman, por supuesto, la guía de sus padres.

 

Tampoco son tranquilizantes las muy diversas propuestas que la Declaración de San Salvador podría elevar al rango de “verdades compartidas”. Para el caso, el Plan Iberoamericano de Cooperación e Integración de la Juventud afirma sin sonrojos que España es un “ejemplo” de reducción sostenida de embarazos precoces, por lo que promover el uso creciente de anticonceptivos desde la iniciación sexual es eficazmente producente. ¿De dónde salió este dato? ¿Qué estudio científico lo respalda? O peor aún: si esta premisa resultara ser falsa —y basta entrar a la página oficial del Instituto Nacional de Estadística de España para ponerla en duda—, ¿quién se beneficia de que Iberoamérica entera se la crea?

 Los insumos que he leído alrededor de esta XVIII Cumbre tienen muchas ideas rescatables, cómo no. El problema es que las zonas controversiales, en este tipo de normativas, pueden ocasionar gravísimos daños de no ser bien analizadas.

 La presencia de Shakira, la música de Alejandro Fernández o las febriles teorías conspirativas de Hugo Chávez captarán seguramente la atención de muchos. Esos espectáculos conforman el anecdotario de las Cumbres y le dan un conveniente barniz de superficialidad. ¡Qué festín, a propósito, para los cronistas de lo superfluo!

 Pero a mí, como a muchos salvadoreños, me interesan más los acuerdos que se firmen, las premisas que se acepten y los planes que se adopten, porque es en estos papeles donde los presidentes, con sólo estampar sus respectivas firmas, estarán comprometiendo las vidas de millones de niños y jóvenes iberoamericanos, incluyendo quizá a mis propios hijos.

Categorías: Jóvenes y adolescentes
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